Es conocido que un estilo de vida saludable reduce los riesgos de enerfermedades cardiovasculares, que comunmente podemos englobar en una buena alimentación, abandono del consumo de tabaco y en la práctica de ejercicio físico.
 
El concepto "tengo colesterol" realmente se refiere a una hipercolesterolemia (HCL), que es "una elevada concentración del nivel de colesterol plasmático total en ayunas en presencia de nuevles normales de triglicérridos", relacionada habitualmente con el colesterol de baja densidad (cLDL). Dicha patología pertenece al grupo de las dislipidemias o dislipemias, que son alteraciones de los niveles habitulaes de los lípidos plasmáticos, los cuales pueden ser de varios tipos relacionados con el colesterol y los triglicéridos (1).
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Pero ¿realmente es peligroso tener el colesterol alto? En un estudio de 2016 en España, la hipercolesterolemia está entre los 10 principales factores de riesgo vitales tanto en hombres como en mujeres, provocando principalmente enfermedades cardiovasculares (2). Por otra parte, el colesterol está ligado directa o indirectamente a otras enfermedades como la aterosclerosis y el Alzheimer (3).
 
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Con el envejecimiento, el riesgo de padecer HCL aumenta debido a diferentes factores relacionados principalmente con la alteración en la producción de cLDL, coloquialmente conocdio como "el colesterol malo" (3). La HCL, además de verse afectada por el paso de los años, habitualmente va ligada a hábitos sedentarios y de mala alimentación, que en consecuencia derivan en obesidad, que a su vez aumenta el riesgo de patologías relacionadas con mayor riesgo cardiovascular (1,3,4).
 
El cambio a un estilo de vida más activo y con mejor alimentación reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y, en consecuencia, de HCL (1,3-5). El inicio de actividad física disminuye el peso en personas obesas y disminuye los niveles de colesterol cLDL y triglicéridos entre otros beneficios (1,4,5). Estos cambios se producen tanto en personas sanas como en pacientes de síndrome metabólico, hipertensión o las citadas obesidad o HCL entre otras enfermedades (4,5).
 
La actividad aeróbica de 30 minutos, de intensidad moderada a vigorosa, al menos 3 días a la semana disminuye los niveles totales de colesterol, además de los de cLDL y el no-HDL (los que no son de alta densidad, los que no son el “colesterol bueno”) (3,6). Respecto al entrenamiento de fuerza, también a 3 días semanales, presenta efectos similares (3). Por lo que, si tu afición es ir al gimnasio o simplemente no te gusta correr o montar en bici, perfectamente puedes prevenir tu HCL con esa rutina. En un estudio realizado con población murciana donde se realizaron de forma simultánea circuitos de fuerza y recorridos aeróbicos 3 días semanales, ambos de moderada a alta intensidad, consiguieron mejoras en los niveles de HCL y de cLDL, especialmente a partir de los 50 años (7).
 
Es importante tener en cuenta que el efecto del entrenamiento (ya sea de carácter neuromuscular o aeróbico) es eficaz si alcanza determinada intensidad, si es ejercicio de carácter leve los estudios no demuestran resultados tan firmes como los de intensidad más alta (3,4,6,7). El ejercicio a baja intensidad presenta beneficios como el estado de forma en general, mejora de la composición corporal y el consumo de oxígeno entre otras, pero no es lo más recomendable para reducir la HCL (4).
 
En cualquier caso, lo recomendado en todos las situaciones es individualizar el entrenamiento a cada sujeto, teniendo en cuenta edad, sexo, patologías, experiencia previa en entrenamiento, etc. (1,3–5). Los efectos mejoran significativamente si se entrena bajo la supervisión de un especialista en actividad física (4).
 
 
 
prescripción
 
 
 
No obstante existe un importante estudio que cuestiona que realmente la HCL sea un factor de riesgo, basándose en la población japonesa donde la HCL es habitual y no se relaciona con un mayor número de muertes cardiovasculares si se compara con la población sana. Esta teoría argumenta, además de no encontrar diferencias, que las conclusiones sobre la HCL se basan en datos débiles y poco fiables (8). Obviamente, esta hipótesis choca directamente con las recomendaciones de las instituciones médicas, con resultados de otros muchos estudios y con la opinión social sobre el HCL.

 


BIBLIOGRAFÍA
 
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Ribeiro SML, Luz S dos S, Aquino R de C. The Role of Nutrition and Physical Activity in Cholesterol and Aging. Clin Geriatr Med. 1 de agosto de 2015;31(3):401-16.
 
Albarrati AM, Alghamdi MSM, Nazer RI, Alkorashy MM, Alshowier N, Gale N. Effectiveness of Low to Moderate Physical Exercise Training on the Level of Low-Density Lipoproteins: A Systematic Review [Internet]. BioMed Research International. 2018 [citado 18 de enero de 2019]. Disponible en: https://www.hindawi.com/journals/bmri/2018/5982980/
 
Lin X, Zhang X, Guo J, Roberts CK, McKenzie S, Wu W-C, et al. Effects of Exercise Training on Cardiorespiratory Fitness and Biomarkers of Cardiometabolic Health: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. J Am Heart Assoc. 26 de junio de 2015;4(7).
 
Alvarez C, Ramirez-Campillo R, Martinez-Salazar C, Castillo A, Gallardo F, Ciolac EG. High-Intensity Interval Training as a Tool for Counteracting Dyslipidemia in Women. Int J Sports Med. mayo de 2018;39(5):397-406.
 
Meseguer Zafra M, Rosa Guillamón A, García-Cantó E, Rodríguez García PL, Pérez-Soto JJ, Tárraga López PJ, et al. Influencia de un programa de ejercicio físico terapéutico en diferentes indicadores clínicos relacionados con la dislipidemia en sujetos adultos de 26 a 73 años con algún factor de riesgo cardiovascular. Hipertens Riesgo Vasc. enero de 2019;36(1):21-7.
 
Hamazaki T, Okuyama H, Ogushi Y, Hama R. Towards a Paradigm Shift in Cholesterol Treatment. A Re-examination of the Cholesterol Issue in Japan. Ann Nutr Metab. 2015;66 Suppl 4:1-116. 
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